lunes, 11 de marzo de 2019

Carta a mi padre Heliodoro

HELIODORO DE ARRIBA CARPIO (09-09-41)
Heliodoro de Arriba Carpio (Álbum familiar)

Heliodoro de Arriba Carpio, nació el 2 de febrero de 1900 en Muñoz (Salamanca). Fue operario deTelefónica y, en sus últimos años, portero de librea en una casa en la calle Goya de Madrid.
Se casó con Benita Pascual y tuvo 5 hijos (4 hijas y 1 hijo).  Por su pertenencia al Partido Comunista es detenido e ingresa en la Prisión de  Salamanca el 14/08/1939. El 07/03/1940 es entregado a la Guardia Civil para ser conducido a Madrid. El Consejo de Guerra le condena a pena de muerte por adhesión a la rebelión. El 09/09/1941 es entregado al piquete de ejecución y fusilado en el cementerio del Este.
Heliodoro luchó toda su vida por la libertad, la justicia social, la igualdad de oportunidades y los derechos de los trabajadores. Estos valores constituían los hilos conductores de la II República que fueron frustrados por el golpe militar de 18 de julio de 1936. Como se frustraron la consecución de estos ideales, también se frustraron las vidas de estos hombres y mujeres  que lucharon por garantizar el bienestar de los más vulnerables y la eliminación de los privilegios de clase.
Heliodoro quería por encima de todo que sus hijos fueran a la Universidad, estaba convencido que estudiar les haría libres.

Cristina Revuelta (nieta de Heliodoro)

Gracias a la memoria y el tesón de su familia existen más recuerdos de él que los documentados sobre su detención y fusilamiento. Su hija Teodora le escribió esta carta sin destino posible...O no, porque los recuerdos siempre llegan:


CARTA SIN DESTINO

¡Hola papá! Como me emociona llamarte cuando han pasado muchas décadas sin poder hacerlo.
Quiero dejar claro; tú no tenías las manos manchadas de sangre, lo sabíamos nosotros y en tu defensa no dejaste de repetirlo. Cuando habían pasado cuatro décadas y la dictadura terminó, en el certificado de defunción, fechado el cinco de octubre de mil novecientos setenta y nueve, figuraba: Heliodoro de Arriba, asiste a Consejo de Guerra el 20-6-41 y finalmente, es entregado al piquete de ejecución el 9-9-41. Para cumplimiento de condena por:
DELITO DE ADHESIÓN A LA REBELIÓN.

Muchos años callamos tu muerte, por no oír la coletilla de la voz muda:
¡ALGO HABRÍA HECHO!
Papá además de vencidos hemos sido; derrotados, rojos, callados, en definitiva los malos.
No sabían que en nuestras pequeñas vidas, la semilla del buen hacer, principios, valores, ética, todo lo que durante tanto tiempo abonasteis, estaba ya germinando.
En tu carta de despedida, nos decías: “chiquitines cuidar y obedecer a mamá”.
Tu consejo lo hemos llevado por bandera.
En tu carta del último adiós también nos decías:
“No siento mi muerte, me duele el desamparo que te dejo mi amor”
¡Fue muy duro!
Y llegaron muchas voces: los pequeños al orfanato y las dos mayores de niñeras. La respuesta de mamá, fue siempre la misma:
“Cuando de noche cierre la puerta, mis hijos estarán conmigo”
¡Fue una madre coraje!
Artesana de todo; ¡hasta nos confeccionaba las zapatillas! Cerca de casa había un estercolero, recogía las zapatillas viejas, sus suelas, después de limpias, las dejaba en el número correspondiente, si era invierno de paño, si verano de lana. Antes de empezar a transformarlas nos preguntaba, a gusto del consumidor ¿una o dos  ondas?   
El coserlo a la suela requería mucha fuerza, un alicate tirando de la aguja y su lengua sacada para hacer más fuerza. La imitábamos como gracia.
Los primeros momentos fueron muy duros.
¿Te acuerdas de aquella canción? Desde Santurce a Bilbao vengo por toda la ría……Eso fue lo primero que hicimos, vender sardinas; una caja de madera, las sardinas bien colocadas, una cuerda a los lados en forma de agarrador ¡A la sardina fresca por docenas! Este era nuestro grito recorriendo las calles. Esto lo hacíamos mamá y yo. Los pequeños al colegio. Nunca pedimos limosna.
Mamá murió a los 55 años. Había cumplido su cometido. Estaba muy cansada y tenía el corazón roto de tanto sufrimiento. Abrió las alas, las que tantas veces nos sirvieron de cobijo y voló alto, muy alto.
Papá tu muerte fue un vacío dramático con el que siempre hemos vivido pero nos quedaron tus recuerdos:
Aquel juego, tú sentado y nosotros haciendo cola para acomodarnos en tus rodillas que se ponían en marcha al grito de: Al trote, al trote, al galope, al galope. Los dos pequeños no alcanzaban y yo los aupaba.
Otro recuerdo, este más goloso. Cuando te acompañaba al mercado de Torrijos, había un puesto pequeño rodeado de una bandera republicana, en su cumbre una bandeja de pestiños, con su pincelada de rica miel. Una mujercita atendía a la clientela, mi mano agarrada a la tuya muy apretada, mis ojos fijos en tu mirada esperando un sí o un no y mi triste pregunta. ¿No hay centimitos?.
Tengo casi noventa años y quiero seguir aprendiendo. Toda mi vida he tenido un recuerdo de un deseo que tenías para nosotros. En una reunión con tus amigos, cuando se marchaban les enseñaste a tus hijas, estábamos ya en la cama, dorada y negra, dos a la cabecera y otros dos a los pies. El rey de la casa (el deseado) estaba en su cunita en vuestra habitación. Abriste la puerta y te oí este comentario: “Mis hijas llegarán a la universidad”. Luchamos por ello.
Lamentablemente, no llegamos a la universidad pero fuimos buenos profesionales. Tus nietos y biznietos son titulados.
He dejado este recuerdo para el último por la impresión tan horrible que me causó, llevaríamos un año de guerra, en el colegio para compensar el horror que estábamos viviendo, nos llevaban al cine Tívoli de la calle Alcalá ponían ¡Botón de Ancla!, de repente se apagó la pantalla y nuestros profesores muy deprisa nos pusieron a hacer filas. En la puerta esperaban nuestros familiares, allí estabas tú papá, cogiste a los pequeños de tus manos y nosotras de las suyas y nunca podré olvidar la canción que cantábamos:
¡A tapar la calle que no pase nadie!
Así fuimos, Alcalá arriba hasta Goya, donde nos encontramos un espectáculo dantesco, un atentado en los bajos del cine Salamanca, había mucha pólvora, ya que allí se rellenaban las balas. La calle Torrijos, junto con sus salidas de metro había saltado por los aires. ¡Terrible!
Ante tal horror, tú nos dijiste: “¡Cerrad los ojos, ahora jugaremos a la gallinita ciega!
 Este tremendo atentado, se ha silenciado y ya han pasado más de 80 años.
Papá en toda nuestra vida no te hemos olvidado y siempre te hemos sentido muy cerca.
¡Te seguimos queriendo!

Teodora de Arriba

domingo, 10 de marzo de 2019

Querido abuelo Casto


Querido abuelo:
He necesitado años hasta tener plena conciencia de que escribiste una carta de despedida antes de que te fusilasen; la encontró la abuela entre las ropas que le entregaron después de tu ejecución, entre las costuras de tu chaqueta. Esta carta no pudieron leerla tus dos hijos varones mayores hasta más tarde, pues entonces estaban con tus primos de Puertollano, aquellos primos que tú querías tanto y que, con el nuevo régimen, les redujeron a la servidumbre, por no decir a la esclavitud. Papá quería aprender el oficio de camarero porque estaba más que cansado de andar con las ovejas por la sierra y en lugar de ello, separaron a los dos hermanos y estuvieron cuidando cabras en la sierra de Alcudia. Los dos padecieron mucho, cada uno por su lado, sin tener noticias del otro, con escasa comida y, sufriendo de un clima desconocido para ellos hasta entonces. Papá enfermó del paludismo y estuvo al borde de la muerte. Es como para pensar que el primo que se lo llevó les aplicó la pena de la redención por el trabajo y los esclavizó hasta casi perecer.
Ninguno de los dos supo que su padre había muerto hasta más tarde y ello les sirvió para rebelarse; después de varios disgustos, volvieron a casa. El regreso no supuso mejor situación ya que las familias de los represaliados no tenían absolutamente ningún derecho, ni al trabajo ni a nada. Toda la familia vivió en la miseria hasta los años cincuenta en que los tiempos comenzaron a suavizarse un poquito.
Papá siempre contó que en la carta le nombrabas jefe de familia por ser el varón primogénito, y además le legaste tu reloj, que por cierto te costó años conseguir que se lo entregaran. Por suerte la abuela no te hizo caso y no vendió la casa porque de haberlo hecho, hubieran vivido literalmente en la calle. Aun así, en el pueblo intentaron muchas veces quitarle la casa pero después de todo, alguien quedó que supo reconocer tu ayuda durante la guerra y consiguió que no lo hicieran.
Sí abuelo, sé que tus compañeros y tú ayudasteis a muchas personas del pueblo: las antiguas autoridades, incluido el cura, y los terratenientes.
Conseguisteis esquivar las persecuciones de los anarquistas de Colmenar Viejo que constantemente intentaban llevárselos para ejecutarlos; incluso defendisteis y salvasteis la iglesia y las imágenes. Claro está que incautasteis los campos y las dehesas para cultivarlos y proveer de alimentos a todos, incluidos sus antiguos propietarios. Por esto nunca faltó comida allí durante la guerra. Nada de todo ello os sirvió después, pues esas mismas personas os denunciaron y os culparon de delitos que nunca habíais cometido.
Muchas veces me pregunto cómo fue tu encarcelamiento. Supongo que conocerías las mismas condiciones que la mayoría: el hacinamiento, la desnutrición, la falta de higiene, los malos tratos, quizá incluso las palizas y la tortura pues al fin y al cabo, eras culpable de rebeldía como decían los verdaderos rebeldes que se alzaron contra el gobierno legítimo de la República. A vosotros se os acusaba de ser rebeldes por no haberos unido a ellos, por mostraros fieles a la democracia, a la humanidad, a la igualdad, en lugar de aceptar la división social como ellos la entendían, sometiendo a los que trabajaban para ellos hasta la extenuación por un mísero salario.
La abuela nunca quiso hablar de los tiempos de la guerra, supongo que no quería rememorar todas el dolor y las experiencias trágicas que le tocó vivir y asimilar. De repente se encontró sola con sus seis hijos obligados a ganar una mísera comida desde la más tierna infancia. Y aún no sé qué atropellos personales vivieron ella y vuestra hija mayor que ya tenía dieciocho años cuando terminó la guerra. A las mujeres familiares de rojos se las humilló y maltrató constantemente para que no olvidaran que nada de los que oliera o recordara a “rojo” tenía derecho a la vida. A pesar de todo debemos sentirnos satisfechos puesto que tus hijos conservaron a su madre; otros niños, incluso de temprana edad quedaron completamente desamparados sin familia, sin hogar y sin posibilidad de comer o mantenerse.
Querido abuelo, me voy a despedir porque no quiero ponerme a llorar.
No solo por ti y nuestra familia, también por todas las familias que sufrieron tanto, principalmente después de la guerra, con esa “paz” que decía Franco que había traído a España.
Nunca te hemos olvidado y nunca te olvidaremos, como tampoco
olvidaremos a los que sufrieron la misma suerte que tú.

Elvira Martín

sábado, 9 de marzo de 2019

Querido Tío Pablo


Querido tío Pablo:

Soy tu sobrino Ángel Luis, al que no pudiste conocer porque te asesinaron mucho antes de que yo naciera.
Te escribo en mi nombre y en el de todos tus hermanos y sobrinos. Todos tus hermanos ya han fallecidos y me gustaría que en algún sitio estéis juntos, al menos eso quiero pensar. No pude conocerte, por hace ya ochenta años, un mes de mayo, un grupo de fascistas te asesinaron. Lo hicieron con alevosía, sin siquiera dejarte despedirte de tus padres y hermanos. Lo hicieron los golpistas asesinos, cuando hablaban de “Tiempos de Paz”, pero ellos seguían asesinando, como bien sabes y veías en la cárcel a diario, entre tus compañeros y amigos, pero tu muerte no fue en balde, dejaste un legado de dignidad, de libertad de defensa de la republica que siempre hemos recordado en la familia.
Podías haber huido a Francia, junto con tus hermanos Pepe Y Lorenzo, pero tu limpia conciencia, te decía que debías seguir aquí, en tu patria a la defendiste con orgullo, pensabas que no tenías nada que  temer, solo habías cumplido con tu obligación de demócrata y alcalde, pero  los fascistas eso no lo podían consentir. Fueron a tu casa, te llevaron detenido, delante de tus padres y hermanos, te encarcelaron, seguramente te maltrataron, ese era el sistema para hacerte confesar crímenes no cometidos, te juzgaron con juicios sumarísimos, que eran una farsa, sin defensa legal, donde los fiscales y abogados defensores eran los mismos.
Tus hermanos, como te he comentado ya han fallecido, Pepe y Lorenzo  se exiliaron a Francia,  como tú sabes, pero no sabes que Pepe, se nacionalizo francés y falleció casi con cien años. Lorenzo se alistó en la Resistencia Francesa, para seguir defendiendo la democracia. Lo asesinaron como a  ti, los Nazis y también nos sirve de ejemplo a todos.
Casi todos tus hermanos han fallecido con casi cien todos, excepto mi padre Alejandro, que siendo el pequeño, murió con setenta y nuevo años, justo el día  de su cumpleaños, el  me dejo el encargo de buscar tus restos e intentar que se hiciera justicia contigo. En esa labor estoy. Benita, Antonio y María murieron en paz. Luisa, murió con noventa y nueve y con esa maldita enfermedad llamada Alzheimer, que borro de su mente todos los recuerdos, pero no pudieron borrar sus ideas y hasta el día de su muerte, cantaba la Internacional con el puño en alto y maldiciendo a los fascistas.
Nunca hemos dejado de recordarte, de hablar de ti, nunca dejamos de buscarte y poder darte un descanso digno donde poder llevarte flores. Nunca hemos abandonado esa búsqueda y a día de hoy, seguimos haciéndolo, con la ayuda de amigos. Yo, personalmente, todos los días del año, doy un paso, aunque sea pequeño en tu búsqueda. Nunca dejare de hacerlo, aunque tenemos la pena de pensar que tus restos estarán por algún sitio revueltos en algún osario o incinerados, como nos han dicho o nos ha hecho creer.
Que la tierra te sea leve tío, allá donde estés, sabes que eres recordado con orgullo y cariño, por tu ejemplo de lucha en defensa de la Democracia y la Libertad.
Hasta el día en que nos encontremos:
¡Salud Y República!
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Pablo González Fernández fue Alcalde de Boadilla del Monte. La última vez que se le vio con vida fue en la cárcel de Porlier. Tenía 29 años.
Me contaba mi padre que, al parecer, querían fusilar a las monjas del convento de clausura que hay en Boadilla y mi tío se opuso. Las puso custodia y por la noche las sacó del pueblo con ropas de mis tías y abuela y así evitó su asesinato.Cuando se intentaron buscar avales para evitar el fusilamiento de mi tío, recurrieron a las monjas que ya habían regresado al convento una vez finalizada la guerra y estas se negaron a darle los avales necesarios para evitar su fusilamiento.
Pablo González Fernández no consta, como tantos otros, en el listado Nuñez / Rojas. Pero fue fusilado el 26 de mayo de 1939 junto a las tapias del Cementerio del Este, tal y como ha podido constatar el historiador Santiago Vega Sombría con documentos del Registro Civil en la investigación en curso.
Una tia contaba que ella vio el cadáver de su hermano y que tenía la cabeza entre las piernas.
Mi abuela llevaba flores a una tumba del cementerio de la Almudena, donde le dijeron que estaba su hijo y un día abrieron la tumba y, al parecer, el cuerpo de esa tumba era de una mujer. Nunca supieron donde se encuentra.
(Testimonio y fotografía aportados por Ángel Luis González, sobrino de Pablo González Fernández)


Carta a Valeriano Jara



Querido tío:

Me gustaría escribirte esta carta con la dirección de la calle de Las Huertas en Móstoles, que supongo que era donde vivías cuando decidiste como el hombre de bien que eras, que tenías que ser solidario con tus paisanos y luchar contra la injusticia en aquel Móstoles de terratenientes y explotadores. No puedo enviártela a esa dirección, desde correos me la devolverían con una anotación en el sobre que dijera: “Desconocido en esa dirección.” Tampoco puedo enviártela a la calle de Fuencarral nº 102 de Madrid, que fue donde viviste después de que os obligaran a abandonar el pueblo en el mes de Octubre de 1936 porque los fascistas golpistas estaban a punto de tomar el lugar donde habías nacido. Si no te envío esta carta allí es porque sé que volviste a tú casa confiado y tranquilo cuando las tropas de Franco entraron en Madrid, (sé que lloraste por ello) porque nada tenias que temer. Así lo había proclamado a los cuatro vientos el que dos meses y pico después fue tu asesino: “Nada tiene que temer aquel que no tenga las manos manchadas de sangre”. Te engañó querido tío, os engañó a todos. Que te voy a contar a ti, tú ya lo sabes, lo plasmaste en aquel papelito carcelario, que guardo como el más preciado de mis tesoros, y que con el título de FECHAS INOLVIDABLES que en forma de diario anotabas, una con error perfectamente entendible. De vez en cuando lo saco de la cajita donde lo guardo y lo leo, se me hace un nudo en la garganta, pero lo leo y te imagino en aquella celda de la tercera galería de Porlier sabiendo que era lo último que ibas a escribir en tu vida, pero con valor y determinación, y haciendo ver a la historia la infamia que se cometía con tu muerte. Escribiste, ya lo sabes: “24 DE JUNIO A FUSILAR A UN INOCENTE”.




Cuando llegue a tu memoria esta carta verás que por fin he encontrado una dirección a la que enviártela. Te la envío a la inmortalidad con forma de árbol y placa metálica. En unos días y gracias al esfuerzo de personas que  llevan años luchando, muchos años, (creo que tú los conoces por que los has visto, en la organización del homenaje en la Tapia del Cementerio del Este, que todos los años por Abril se hace en tu recuerdo) se inaugurará a pocos metros de donde te asesinaron un Memorial que lleva tú nombre y el 2936 personas más. Verás que bonito y merecedor de vuestra memoria es. Por fin cuando se inaugure podremos poner las manos sobre tu nombre y decir con orgullo: “Aquí está el tío Valeriano, aquel al que le quitaron la vida por defender la libertad y la justicia para los demás”.
Ah…, por si ves cierto revuelo por el cementerio de familiares de fusilados, quiero que sepas que es que nos han vuelto a engañar. Durante mucho años nos han contado que tus huesos una vez que te sacaron de la sepultura de “caridad” donde te enterraron, aunque algún tiempo después, y sin contar con nadie, los incineraron en Carabanchel. Pues parece ser que pueda ser que no, que no se convirtieron en ceniza en Carabanchel, que siguen en un ignominioso agujero en el cementerio. Ya veremos en que acaba todo esto. Aunque respeto lo que puedan pensar los demás, a mi no me preocupa donde estén los tuyos, como dice un amigo mío, y estoy de acuerdo con él, tú ya no eres ni carne ni huesos, tú eres memoria de la buena, de la que hay que luchar por mantener siempre.
De la familia a la que tú conociste, ya no queda nadie, aunque eso lo sabes tú igual que yo puesto que te los encontrarás por ahí. Los que quedamos con tu apellido, ahí andamos luchando en la vida que nos ha tocado vivir, que no creas que es un jardín de rosas. El rico sigue oprimiendo al pobre. La iglesia, sí aquella que tú conociste, sigue dando por el c…. El gobierno al servicio del capitalismo más duro. La monarquía que vosotros democráticamente convertisteis en República, sigue como cabeza de Estado, solo que en vez de un rey, tenemos dos. Franco que se murió de viejo en una cama de hospital, cuarenta y cuatro años después sigue presente en espíritu en toda la política española. En fin ya ves que tenemos donde entretenernos.
Podía llenar cien folios contándote cosas, pero tengo que terminar y no extenderme, porqué espero que muchos familiares de tus compañeros hagan lo mismo que yo, escribir una carta como ésta para que el artista que hace el Memorial las guarde en el tronco de los robles que compondrán el monumento y las haga inmortales como vosotros, y si técnicamente no se puede guardar en el troco, se guardará en “la nube” en Internet, ya sé que tú no sabes lo que es, yo casi tampoco, pero lo que es seguro que la podrán leer desde cualquier parte del mundo.
Tú no me conociste, nací quince años después de que a ti te asesinarán. Soy hijo de Baldomero y de Ascensión. Te escribo desde el pueblo que está al otro lado del puente de piedra del Guadarrama, tú ya me entiendes, el día 8 de Marzo de 2019. Pasaré a verte a menudo.
Un beso.
Isidro.
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Valeriano Jara López nació en Móstoles el día 15-XII-1906. De profesión: Panadero. Asesinado por fusilamiento en la tapia del cementerio del Este de Madrid el día 24-VI-1939. Hijo de Braulio Jara Gamallo y Agustina López Domínguez. Segundo de siete hijos nacidos del matrimonio. Andrés muerto por enfermedad antes de la guerra. Los otros seis muertos o represaliados por el régimen franquista: Natividad, exiliada en Francia, Valeriano, fusilado en 1939, Máximo, muerto en Valencia a consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Nules, Baldomero, herido en la defensa de Madrid y condenado durante tres años en un batallón “disciplinario” de trabajo. Ignacio, alistado en la quinta del chupete, detenido en 1947 y condenado a cinco años por ¿pertenencia al PCE, y guerrilleros del llano? Pedro, detenido y condenado por rebeldía, encarcelado y deportado a África.

sábado, 18 de abril de 2009

¡Gracias!

Amigas y amigos:
Después del 28 de marzo, del 70 aniversario del inicio de la ocupación de Madrid por las tropas franquistas que terminó por convertir a España en un gigantesco campo de concentración, donde los poderosos encerraron, fusilaron, torturaron, vejaron y expoliaron a quienes consideraron sus súbditos, sus esclavos y la carne de cañón de sus ambiciones, teníamos en deuda aún agradeceros vuestro apoyo y participación, así como compartir el orgullo de la sencillez y sinceridad de nuestro compromiso.
Por desgracia, mientras recordamos juntos los crímenes impunes que descabezaron a nuestras familias y el progreso en libertad de un pueblo envidiable, hemos tenido que convivir con el presente más cruel, el que acaba de golpe y sin aviso con la vida de las víctimas supervivientes, de quienes portaban el legado del sufrimiento y el perdón y ya no esperaban ni las gracias por haber resistido a tanta barbarie, pero si un lugar donde llevar unas flores frescas a los suyos.
No tienen “carta de capilla”, pero gracias a ellas y a ellos, podemos sentirnos orgullosos de nuestros familiares y amigos e implacables con quienes, desde las instituciones denominadas democráticas, nos niegan la historia, la dignidad, la memoria y la justicia.
Esas madres, padres, tíos, abuelos…compartirán siempre nuestro recuerdo y agradecimiento junto con todos los represaliados por defender la libertad, el futuro y la razón del ser humano.
No queremos dejar de agradecer la entrega, la amistad y las ideas de quienes os habéis implicado de corazón en esta tarea. Siempre nos queda la sensación de no haber podido estirar el tiempo para estrechar más los abrazos. El consuelo, aunque poco optimista, es el de siempre: la lucha es larga y nos veremos de nuevo.
Gracias a los que vinisteis de lejos en los tiempos que corren, a los que estabais cerca y aún así acudisteis. A todos los que no dudasteis en prestar vuestra mañana soleada de sábado para arrancarnos de cuajo la emoción y llevarla por aire, mar y prensa hasta la tertulia infinita de nuestros entrañables republicanos asesinados.
No queremos citar vuestros nombres porque hace ya tiempo son también nuestros. Pero sí desearos salud y coincidencia. ¡Aquí seguiremos, compañeros!¡Hasta la próxima!

viernes, 3 de abril de 2009

El "¡No quiero!" de Paquita Martín en el homenaje


No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.
No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.
No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

No quiero
que el labriego trabaje sin agua
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.
No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.

No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.
No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles
que jamás se fabriquen fusiles.
No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos
que decreten lo que es poesía.
No quiero amar en secreto,
llorar en secreto
cantar en secreto.
No quiero que me tapen la boca
cuando digo...NO QUIERO.


Angela Figuera Aymerich (1902-1984)

jueves, 2 de abril de 2009

Un vídeo en cuatro partes (T. Montero)