jueves, 26 de marzo de 2009

Carta a Enrique Gómez

Hola tío,

Durante mucho tiempo oí hablar a mi padre, tu hermano, de ti. Cuando yo era pequeño, en la etapa política anterior a la democracia, la información que recibía era muy vaga, muy difusa, descoordinada. Las razones de ello eran principalmente tres, el miedo a hablar que tenían muchas personas por la experiencia vivida, el miedo a recordar ciertos temas que tanto dolor les había producido y por último, mi edad, que no me permitía concatenar los mensajes y ponerlos en el contexto adecuado.
Ha pasado el tiempo y, como sabes, mi padre está próximo a ti y con ambos el resto de hermanos. Los tiempos han cambiado y las tres razones anteriores han dejado de existir. Ya no hay miedo a hablar (tampoco tengo quien me cuente lo que me gustaría oír). Desapareció el miedo a recordar esos temas que tanto dolían. Por último, mi edad me permite entender todo aquello que antes era un agujero negro por donde desaparecía la poca información que recibía y que no era capaz de procesar.
Siempre tuve interés en indagar sobre todo aquello y ahora lo estoy haciendo. Sobre toda nuestra familia, que está muy unida, vuela un sentimiento común que se desvanece generación a generación, de respeto, admiración y cariño hacia ti, hacia tu hermano Pedro y hacia vuestro padre Enrique como personas que sufristeis injusto cautiverio y en tu caso absurdo fusilamiento.
Estoy a punto de terminar un álbum digital de fotos de toda la familia donde ocupas un puesto preferente. He recopilado fotos tuyas procedentes de varios familiares y con ellas y otras muchas he recopilado todo en un DVD que voy a repartir a toda la familia en la próxima cita anual en la que TODOS nos reunimos en una comida familiar. No es fácil encontrar familias que puedan decir que son capaces de reunir a más de treinta personas año a año. Ese es un éxito que os lo debemos a vosotros, a tus padres, a ti y a tus hermanos.
Ahora, gracias a dos personas “sin cara” -no las conozco- pero con “alma”… Eva y Tomás y a otras que les acompañan en este viaje, vamos a recordaros en el sitio desde donde partisteis hacia una aventura desconocida.
Tal como escribía tu hermano -mi padre- :
“El recuerdo, además de perfumar el alma, honra a la familia. El olvido significa deshonra“

Pedro (Marzo 2009)