domingo, 1 de marzo de 2009

Carta a Federico

Hasta hace poco eras Federico, aquel hermano de mi padre al que fusilaron en una fecha incierta, probablemente en Madrid. Eras un rostro joven en una foto antigua y el recuerdo impreciso de algunas cosas que mi padre contaba. Todo pudo quedar ahí, una ausencia más que el tiempo acaba por borrar para siempre…Pero un buen día descubrí con extraña emoción tu nombre escrito en una lista interminable… eran los fusilados en las tapias del Cementerio del Este.
Y ahí estabas, congelado en el tiempo, esperando que alguien rompiera el silencio y hablara por ti, y dijera que tu existencia no puede quedar atrapada en el único hecho conocido: 35 años, fusilado el 27 de abril de 1940, en primavera, seguramente la más fría de todas tus primaveras.
Lo poco que sé de ti tengo que contarlo y averiguar todo lo que pueda de tu vida, remover las huellas que has dejado, destejer los hilos de la historia, aunque tenga que oír lo que tus verdugos hayan querido contar. Será como acompañarte a destiempo, desandar contigo el camino y recuperar aquellas otras primaveras, cuando eras ebanista, como tu padre, como tus hermanos, cuando trabajabas creando decorados en los Estudios CEA de Ciudad Lineal, fabricando ilusiones… Sigo mirando tu imagen en la única foto que conservo: Madrid, 1935, un tiempo cargado de esperanzas, en que todos los sueños estaban por cumplir.