domingo, 15 de marzo de 2009

No pudieron llevarse tu nombre

Querido Abuelo Domingo.
Que grato finalmente ha sido saber de ti después de esta larga, muy larga búsqueda de más de 30 años.
Pocas fueron las cosas que supimos de ti. Pero con tan sólo pronunciar tu nombre me bastaba para sentir orgullo.
Pero siempre estuvieron las preguntas, de ¿cómo era?, ¿qué hacía? ¿Quienes eran sus padres? ¿En que creía?.

Ninguna de ellas por tantos años tuvo respuestas.

Pero, hoy gracias a dios y a un grupo de gente maravillosa sabemos de ti, de la amable sonrisa de un soñador, que ciertamente luchó por esas, sus ideas y sus causas en las que creyó hasta su último respiro, como las de otros de aquellas décadas de los treinta y cuarenta en las que el mundo sufría los efectos de la intolerancia de los hombres.

También hoy, a 70 largos años de distancia, sabemos de tu detención, de tu separo, de tantas noches frías de incertidumbre y miedo en la celda; cuantas preguntas te habrás hecho y se habrán hecho tus compañeros, cuanta soledad, cuanta tristeza y a la vez cuánta, pero cuánta esperanza habrán tenido.
Hoy también, con innegable lamento, sabemos de un juicio sumario, de una sentencia sorda, de una fecha, 3 de julio de 1941, y de unas cuantas balas que arrebataron la vida de un joven idealista de 29 años.

A título personal, no guardo rencor alguno, y perdono desde el fondo de mi corazón a quienes te detuvieron, a quienes te encerraron, a los que te maltrataron, a los que te juzgaron y a aquellos que te dispararon.

Lo que esas balas no pudieron llevarse fue tu nombre y tu descendencia y aquí estamos todos los tuyos, para agradecerte, celebrarte y recordarte. Hoy para ti no hay noches frías, ni días sin libertad, definitivamente no estas solo, lates fuertemente, pues habitas permanente en el corazón de tu hijo, de tus nietos y biznietos, de tu sobrino y de toda su maravillosa familia.

Gracias.

Fernando a Domingo Girón
México, 15 de marzo de 2009